De donde nos ven

Nuestro Barrio

Polos fundacionales del Barrio de Belgrano

Ya conocemos el origen del nombre de nuestro barrio, pero debemos ubicarnos en el tiempo cronológico y en el espacio físico, para conocer como, porque y donde se originó; es un poco preguntarnos:
¿porque está?, ¿donde está? Para contestarnos esto debemos analizar rápidamente algunos factores que influyeron e influyen en el origen y desarrollo de nuestro barrio. En primer lugar, aspectos geográficos, recordemos que fundada la ciudad de Buenos Aires, los que hoy son barrios ribereños del norte capitalinos, formaron parte de los alrededores de la misma, conocidos como los Pagos de los Montes Grandes, fueron influenciados notablemente por los
componentes y avatares del Río de la Plata, fundamentalmente sus playas, barrancas y cuenca, y a sus descontroladas crecientes. Por otro lado el desagüe natural de la ciudad en esta zona se realizaba y realiza en gran parte por el arroyo Vega, que hoy entubado sigue el recorrido de la calle Blanco Encalada, donde las grandes lluvias nos recuerdan su existencia. Dado que todos los arroyos que circulan bajo nuestros pies, en la ciudad, desaguan directa o indirectamente en el Río de la Plata, es interesante saber que en algunas de esas desembocaduras, el cauce y barrancas de estos arroyos presentan una estructura de origen marino por su desarrollo geológico, puntualmente conchillas; material básico para la fabricación de cal para la construcción.
Es por esta circunstancia que en el siglo XVIII en las cercanías de la desembocadura del arroyo Vega, aproximadamente en Av. L. María Campos entre Juramento y Sucre, se instaló una calera, conocida como la Calera de los Padres Franciscanos, lo que trajo aparejado un caserío para vivienda y otras construcciones básicas de servicios, entre ellas una capilla. Siendo el primer asentamiento humano de cierta importancia en esta zona, zona, que paso a conocerse, como la Calera de los Franciscanos o simplemente La Calera. Otro factor influyente, en el origen de nuestro barrio, fueron las vías de comunicaciones. Con la fundación de la ciudad, la necesidad de comunicarse con el interior, creó las sendas, huellas y caminos necesarios para esta relación.
Tres caminos troncales salían de la misma hacia el interior, hacia el sur, oeste y norte. Esta última con el tiempo se fue dividiendo y en nuestro barrio generó importantes avenidas: Libertador, Luis María Campos, Cabildo y Balbín. Pero en esa época el Camino Real o Camino del Alto o 25 de Mayo, hoy Cabildo, fue la mas transitada, no sólo por su destino final, sino parcial, me refiero a San Fernando y San Isidro, poblados proveedores de alimentos a la ciudad. Es por esto que por esta vía, era relativamente frecuente el paso de carretas con bueyes cargados de frutas, fundamentalmente duraznos. Es de saber, que saliendo al amanecer de la cabecera de estos caminos, la Plaza Lorea; “medio día de carreta”, como se lo llamaba, era el lugar donde llegaban al mediodía estos transportes, correspondiendo hacia el oeste a la actual Plaza Flores, y hacia el norte a la intersección de las actuales Cabildo y La Pampa. Dada la necesidad de descanso de los troperos y los animales surgieron en estas intersecciones comercios que cubrieron esas necesidades, en el camino del norte primero fue una pulpería, se completó posteriormente con hospedajes formando un complejo de servicios muy elemental: estaba ubicada en la esquina noroeste, donde se encuentra hoy La Banca Nacionale del Lavoro. Por estar pintadas con la cal que le proveían los Franciscanos, la pulpería original fue conocida por La Blanqueada y el conjunto que se construyó posteriormente como Las Blanqueadas.
Punto también de referencia para los que se animaban a recorrer esos desolados caminos. Alrededor de estos primeros establecimientos, me refiero a la Calera de los Franciscanos y a la Blanqueada, con los años fueron asentándose otros comercios y los primeros pobladores; por esto creo que merecen ser definidos como los polos fundacionales de nuestro barrio. Estos agrupamientos dependían administrativamente de San José de Flores; por la distancia y el mal estado de los pocos caminos existentes, creaban dificultades a la gente en el cumplimiento de tareas civiles y eclesiásticas, por estas circunstancias, el 9 de Octubre de 1855 los vecinos de Flores solicitan a las autoridades de la provincia que hacia el nordeste se organizara un nuevo pueblo, en las cercanías del paraje conocido como La Calera. Solícitos al pedido, el gobernador Pastor Obligado, a través de su ministro Dr. Valentín Alsina, contestó el 23 de Noviembre:”…el Gobierno accediendo a la fundada solicitud de los vecinos suplicantes viene a resolver que desde ahora se funde allí un pueblo cuyo nombre se designará oportunamente”. Trece días después se lo llamo Pueblo de Belgrano.

Osvaldo Cattaneo

Bibliografía consultada de Elisa Casella de Calderón